No juegues con fuego

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Dios espera que la inversión que ha realizado en nuestras vidas produzca fruto
Versículo: Hebreos 6:3-6

La respuesta esperada del autor es que sus lectores regresen a la Palabra y avancen, con firmeza, hacia ese estado de perfección que alcanzó Jesús. Según el testimonio de la epístola, el Hijo no escapó de la necesidad de aprender a escoger lo que agrada al Padre, aún cuando no debía lidiar con las complicaciones que produce en nosotros el pecado.

Los destinatarios de la epístola no solamente estaban afectados por el engaño de la carne, sino que se habían vuelto torpes a la hora de entender las verdades más profundas del Reino. El resultado es que permanecían estancados en un estado infantil, alimentándose con la leche de los recién nacidos. La progresión, sin embargo, es el movimiento natural de todo ser viviente. Avanza de una etapa a la próxima, y en cada paso deja atrás aquellos elementos que ya no le sirven para los desafíos del nuevo nivel en el que se encuentra. En la vida nos enfrentamos con momentos únicos e irrepetibles que no pueden ser desaprovechados.

El autor se muestra esperanzado de que todos respondan adecuadamente a este llamado. No obstante, se siente en la obligación de dejarles una advertencia al respecto. Si bien la decisión recae sobre cada individuo, deben saber que hay un tiempo apropiado para el crecimiento y este no debe ser desaprovechado. Nadie siembra semillas en otoño para que germinen en invierno, porque esta estación es aquella en que la tierra descansa. La intención puede ser buena, pero por no haber aprovechado el tiempo propicio los resultados serán malos.

Del mismo modo, existen oportunidades en la vida espiritual que no pueden ser desaprovechadas. En ocasiones, si se pierden, será para siempre.

Ha sido motivo de gran debate intentar identificar a qué situación se refería el autor. Podemos leer la opinión de diferentes eruditos pero, la verdad, es que no lo sabemos con certeza. Nos basta con recordar que existen situaciones en las que todas las buenas intenciones del mundo no nos permitirán recuperar una oportunidad desperdiciada. En un momento de locura, Esaú decidió vender su primogenitura.

Luego, aunque procuró por todos los medios recuperar la bendición, no lo logró. Los israelitas, en su paso por el desierto, gozaron de abundantes oportunidades para demostrar su confianza en el Señor. Eventualmente, sin embargo, les fue quitada esa opción y fueron condenados a morir allí. Del mismo modo, el rey Saúl tuvo varias oportunidades de enderezar su espíritu rebelde, pero no supo aprovecharlas. Le fue quitado el reino y el Señor se apartó de él. Judas tampoco pudo echarse atrás del camino que había escogido, aunque vemos que demostró remordimiento.

Nuestra tendencia es querer saber exactamente cuál es el pecado que debemos evitar. Creo que la falta de claridad del autor es deliberada. Nos basta entender que existen decisiones de las cuales no se puede regresar. Que semejante riesgo sirva para estimularnos a elegir lo mejor, sabiendo que de esa manera siempre gozaremos de la aprobación de nuestro buen Padre celestial.

© DesarrolloCristianoInternacional
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